Fergus adoraba exoplorar los lagos y los ríos de Irlanda. Un día mientras paseaba por el lago Rury, dio con el Muirdris, un monstruo horrendo, un caballo de río, del que a penas pudo escapar.
A causa del terror la cara de Fergus quedó torcida, y teniendo en cuenta que los gobernantes no podían tener ningún defecto, los nobles escondieron todos los espejos del palacio y lo mantuvieron a Fergus ignorante.
Un día, Fergus golpeó a una esclava y ella indignada le gritó : "¡Sería mejor que os vengarais del caballo de río que os dejó la cara torcida, antes que cometer actos atroces contra una mujer!"
Fergus hizo traer un espejo, se miró y tomo la decisión. Se pusó los zapatos mágicos, tomó su espada y fue al lago Rury.
Durante un día y una noche
bajo las olas estuvo escondido,
pero los ultonianos que en la orilla estaban
vieron el lago hervir y enrojecer con la sangre.
Al mucho rato surgió e la aguas
con la cabeza de Muirdris en sus manos.
¡Ha desaparecido el defecto! En su cara
cada trazo simétrico esta en su lugar:
y todos los que le vieron con el semblante marcado
ven ahora la compostura de un rey, serena.
Sonrió; llevó su trofeo a la orilla,
Y dijo: ¡He sobrevivido!...